Antes que nada me voy a presentar, soy Mariana y nací por ahí del año 94 en la Ciudad de México, que ahora es considerada como una de las ciudades más pobladas de mundo y la más grande del continente Americano, y si bien en este núcleo urbano se concentran la mayor parte de centros políticos, sociales, económicos, académicos, de entretenimiento y más; el ritmo de vida al mil por segundo, el síndrome de estrés “pre y post-todo”, más la acumulación de plomo en mi organismo (creo yo), comenzaron a crear en mí una especie de conciencia crítica que me hacía dudar constantemente sobre si quería continuar con una vida así.

Y la verdad es que al principio fue muy complicado, ya que para ese entonces en el 2013 (cuando el INEGI dijo que éramos unos 8 918 653 habitantes (no manches como cabemos tantos)) aún no estaba tan segura si lo que pasaba por mi mente era más bien  una especie de loquera adolescente, mis “eighteen time” o el estrés extremo de la universidad, pues me encontraba estudiando Biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM , otra de las razones por la cual dudaba mucho sobre moverme de la gran urbe, y es que de verdad esta ciudad es maravillosa por todo lo que te ofrece; sigue siendo uno de mis destinos favoritos por siempre; alberga 4 de los 34 sitios de patrimonio de la humanidad y es el segundo con la mayor cantidad de museos en el mundo, además el ambiente que se respira es totalmente multicultural ya que a este lugar llegan personas de todo el país y del mundo, a la vez es impresionante como tanta gente puede vivir en ese espacio enfrentando todo tipo de retos diarios, desde los vendedores del metro (que tanto extraño) con cositas de $5 o $10 pesos que al final terminan sirviéndote un montón, hasta los trajeados de Polanco hablando todo el tiempo por el cel, hacen una combinación tan peculiar que resulta a veces estresante, pero que al mismo tiempo agrada a todo aquel que la visita.

Sin embargo y haciendo incapié en el número de habitantes para ese entonces, imagínense que para poder llegar a mi escuela que estaba a máximo 16 km  a veces me hacía de dos a dos horas y media ¡atrapada en el tráfico!, tal vez soy exagerada o no sé, pero para mí, perder 4 horas de mi vida por mínimo y diariamente, me ponía a rectificar mucho más que eso no era lo que quería para mí; así que así es como comienza mi aventura, cuando decidí mudarme a Veracruz con mi familia que por cierto ellos se habían mudado ya dos años atrás.

Y cómo siempre he sido medio obsesiva con las cosas que todavía no suceden, decidí irme a la segura (es algo que he aprendido y me ha servido muchísimo); me di de baja temporal en la UNAM y presenté examen en la Universidad Veracruzana, y ¿cómo ven?, pues que me enamoro de Veracruz, y es que no se imaginan, al principio yo solo pensaba ah sí Veracruz, el puerto (que esta medio prietito, pero hace calor), unas micheladas y fin… Pues no, resulta que en Veracruz puedes encontrarte desde playas y hermosos arrecifes, montañas cubiertas de nieve o con grandes acantilados, desiertos y dunas, selva, bosques, y cualquier paisaje increíble que imaginen, y lo mejor es que estos recorridos los puedes hacer sin afectar gravemente a tu bolsillo y llevándote además de grandes recuerdos, fotografías increíbles.

México es un país del cual estoy orgullosa y siempre lo recomendaría como destino, simplemente por sus recursos naturales, su gente y la cultura. Afortunadamente desde pequeña logré conocer varios estados de México con mis papás, pero no fue hasta cuando emprendí mis viajes sola (o con amigos, claro está), recorriendo paisajes de México específicamente en Veracruz, que comenzó mi amor por viajar, así que aquí escribiré un poco de mis vivencias, recomendaciones y tips que he ido aprendiendo de esto de ser traveler.

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